Siempre cerca, agradecido y expectante,
ideal perdido para siempre.
Droga a la que me deshabitué y que añoro,
a sabiendas de la imposibilidad de una nueva dosis.
Buscandote en la luz de cada amanecer,
en el triste reflejo de cada ocaso.
En otros ojos, manos, almas.
Espejismo de una existencia efimera, de confort y posesión;
idealismo traicionado.
Quiero creer que podremos volver a encontrarnos
transformandonos como el barro
que atrapa el vacío de nuestra existencia en la caverna primigenia,
únicamente ornados por las arrugas de nuestra amarga experiencia
intentando de nuevo inventar juntos la ESPERANZA.
Nunca ninguna palabra mejor que la no dicha.
Aquí sigo en mi soledad, oyendo tus silencios...
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